Entre la dedicación al trabajo
y la adicción al trabajo, a veces, existe un límite difícil de
precisar, y que muchos cruzan, a veces, casi sin darse cuenta. El
término workaholic o “alcoholista del trabajo” surgió en
los Estados Unidos en la década de 1980, con el auge de la cultura
yuppie.
Las personas que padecen ese trastorno tienden a
atiborrarse de ocupaciones, a alejarse del ambiente familiar,
transformar la casa en una segunda oficina y vivir en un estado de
permanente “urgencia” por hallar nuevas tareas en qué
ocuparse.
Difícil
detección Este tipo de adicción permanece
muchas veces “enmascarado”, aseguran los especialistas, debido
a que el trabajo está valorado y supone sacrificio, generosidad y
altruismo para la subsistencia y el progreso familiar, lo que le otorga
al workaholic un consenso social y familiar que no tienen
otras adicciones.
Un factor adicional que dificulta su
detección es que no está contemplado como diagnóstico posible
dentro de los manuales de psiquiatría, dijo a Infobae el médico
psiquiatra Jorge Alberto Franco, jefe de Consultorios Externos de Salud
Mental del Hospital de Clínicas. El especialista asegura que muchas
veces la adicción se detecta luego de la aparición de síntomas físicos,
como problemas de sueño, hipertensión, trastornos reumáticos y
contracturas musculares, trastornos vasculares, anginas de pecho o
infartos.

“Algunas empresas están
cambiando” La licenciada Silvia Vales, coach de altos
ejecutivos, habló con INFOBAEprofesional
acerca de su experiencia en el tratamiento
y seguimiento de un caso. “El año pasado me llamaron de una empresa;
tenían un empleado excelente, con 17 años de trayectoria en la compañía,
que trabajaba muchísimo y bien. Pero había empezado a tener problemas
con su equipo de trabajo: les mandaba mails los sábados a la madrugada,
comenzaban a tener mala relación con él; la empresa observó esto y
comenzamos a trabajar”.
En el trabajo conjunto con un
terapeuta, “la persona descubrió que tenía conductas adictivas,
no tenía vida social, era soltero y tenía muy poco contacto con
su familia; y pasaba muchísimas horas en la oficina”, relató
Vales, quien asegura que lo más complicado “fue hacerle tomar conciencia
a la persona de su condición de adicto al trabajo”. Al cabo de un poco
más de un año de tratamiento “la persona mejoró, está adelgazando, va al
gimnasio regularmente, y tiene vida social”, dice la
especialista.
Vales considera que “estas conductas
aparecen porque la cultura de las organizaciones las
promueven, aunque en los últimos tiempos hay empresas que están
cambiando, tomando conciencia de lo nocivo de estos comportamientos”. Y
agrega que “en general cuando te llaman por estos casos es porque la
persona ya sufrió un estresazo”.
La especialista también resalta
que la reactivación económica ayuda: “el mercado se está moviendo,
y a las personas se les abren más posibilidades; no es como durante la
crisis, en la que hubo organizaciones que tuvieron comportamientos
abusivos”. Vales destaca que “desde la década del 90 cambiaron muchas
cosas por la desaparición de empresas que hubo”.
Dos claves para
detectarlo En las grandes empresas, se ve cómo la
persona ocupa más tiempo del necesario en su lugar de trabajo. Y
paulatinamente, aquel que se veía como eficiente termina creando
problemas en la organización. En los Estados Unidos, los departamentos
de Recursos Humanos tratan de detectar al que tiene adicción al trabajo,
por dos grandes factores:
- a) El exceso de trabajo encubre falta de
eficiencia: para ser eficiente una empresa necesita trabajar en
equipo, y por sus características estas personas no son buenas para el
trabajo en equipo.
- b) Se comprobó que con
posterioridad, en los adictos aparecen enfermedades
asociadas con la falta de relajación necesaria para trabajos
exigentes. Y todo lo que se veía como positivo se muestra en realidad
negativo.
En las empresas estadounidenses, ya se tiene ya
incorporada la adicción al trabajo como un problema que hay
que tratar. Al respecto, el licenciado Pablo Boned, coordinador
docente de la Fundación para la Salud, dice que en los Estados Unidos
“muchas empresas, cuando prevén una etapa muy exigente de trabajo para
una persona, le piden que destine cierto tiempo a socializar y que tenga
fases de recreación, mientras dura ese esfuerzo extra”, ya que junto con
el cansancio extremo “llegan la fatiga, los problemas de concentración y
falta de atención”. Según Poned, de acuerdo a últimos sondeos
internacionales se estima que un 15% de los trabajadores está en
riesgo de sufrir de esta adicción”.
El estrés no se toma vacaciones
Un momento en el que se suele manifestar esta
adicción en su plenitud son las vacaciones, cuando ante la ausencia de
actividad se producen síntomas de abstinencia, entre
ellos ansiedad, insomnio y
angustia, y la percepción del tiempo
libre como algo amenazante.
Si bien no existen en la
Argentina estadísticas sobre el número de casos, “sabemos que hay un
porcentaje importante de población en riesgo, y en estos momentos se dan
muchos casos en pymes, donde el dueño de la empresa muchas veces tiene a
su familia implicada en el trabajo, y casi ve al tiempo libre como un
atentado a su éxito laboral” comenta el doctor Franco.
En esos
casos, no es difícil que el hogar se vaya transformando en una oficina y
deteriorando el entorno familiar.
Mujeres afuera (por
ahora) Curiosamente, casi no hay casos de adicción al
trabajo entre mujeres. Esto se debe a que paradójicamente las
responsabilidades familiares, de las que la mujer nunca se desentiende a
pesar de que ocupe un alto cargo, actúan como un antídoto. A esto ayuda
el hecho de que sea más aceptada la ausencia de la mujer ante la
enfermedad de un familiar, por ejemplo.
No obstante, hay casos de
amas de casa en las que la adicción se manifiesta con una frenética
actividad en el hogar, al que nunca ve lo suficientemente limpio y
aseado.
Abordajes
posibles Las secuelas de la adicción dependen del
momento en que se detecte, ya que la negación de la enfermedad se
comparte con la familia, dice el doctor Franco, que agrega que “a veces
es necesario empezar el tratamiento en familia”. En el aspecto
psicológico, se presenta un deterioro en el campo afectivo y el entorno
familiar.
El doctor Franco resalta que “ahora se ve que el mejor
rendimiento lo tiene una persona bien integrada; los adictos al trabajo
son conflictivos en las relaciones laborales con sus pares”.
Con
respecto al tratamiento, el licenciado Boned dice que “se trabaja desde
la psicoterapia para crear un entorno que contenga a la persona y se
empiezan a reconocer situaciones “gatillo” que disparan su actividad”, y
que pueden ser la expectativa de un ascenso en el trabajo, o el inicio
de un emprendimiento personal. Y se comienza a “organizar” las tareas de
la persona, ya que el sujeto se encuentra totalmente desorganizado. Se
le plantea por ejemplo dedicarle 6 horas al trabajo, 4 horas a
socializar y 2 para la familia. Y se reorganizan sus redes sociales. “Lo
primero es ayudarlo a recuperarse físicamente, para luego comenzar a
pensar qué le pasa” dice el especialista. Se calcula que el tratamiento
toma entre un año y un año y medio, con psicoterapia individual y
familiar, y en algunos casos con medicación.
Leer más: Cómo saber si uno es un adicto al trabajo (test
realizado en los EE.UU)
Héctor
Medina hmedina@infobae.com (c) Infobae
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