Nunca como antes, la muerte, los tanques que avanzan, los rostros de mujeres y niños que lloran se metieron en los hogares generando en los chicos una sensación de inseguridad, de violencia y de terror. ¿Cuáles son las consecuencias? Desde el comienzo de la invasión de Estados Unidos a Iraq pasaron 22 días. Tres semanas de una guerra que pudo seguirse en directo por Internet y televisión. Las imágenes, aún recortadas, aún censuradas, trajeron a los hogares lluvias de bombas, fuego, desesperación y crueldad. Del otro lado del televisor, niños ven morir a niños. Ven a familias quebradas del dolor. Ven la indiferencia del poderoso ante el sufrimiento humano. “Las escenas violentas de la guerra influyen en los chicos, ya que tienen un gran poder realista, pero esto no quiere decir que generen actitudes violentas, sino que agravan la violencia que los chicos llevan como adoctrinamiento”, explica Graciela Peyrú, directora de la Fundación para la Salud Mental. Pero el monto total de violencia televisiva que acumulan los niños a lo largo de su infancia, ya que éste llega a cientos de miles o millones de imágenes, puede tener consecuencias. “El efecto acumulativo de docenas de descripciones diarias de violencia puede crear una imagen del mundo como un lugar más hostil de lo que realmente es. Una visión de las sociedades humanas donde prima la agresión”, sostiene la especialista. Esto genera angustia y miedo. Los papás muchas veces no se enteran de que los chicos sufren o tienen miedo, a causa de los programas (incluidos noticieros) que ven en televisión. “Los chiquitos no lo comentan porque temen que si lo hacen les prohíban ver la tele y eso es lo que padres deberían hacer en muchos casos. Detectar si su hijo se está asustando demasiado, y por lo menos temporariamente, eliminar programas de la lista de los autorizados”. La clave para enfrentar estas situaciones es hablar. Y mucho más cuando un contexto como el actual impide casi por completo ejercer un control sobre las imágenes violentas. Pero ¿qué decirles a los chicos?¿Cómo explicarles con palabras sencillas lo que nos resulta inexplicable? En el caso de la guerra, la dificultad no está en las preguntas que nos hacen sino en las respuestas que nos exigen. “Para hablar con ellos de la guerra hay que ver primero qué saben y qué entienden acerca del tema, hay que dialogar con ellos y corregir falsos conceptos. También es importante conversar si vieron imágenes en la tele y qué vieron de esas imágenes, qué es lo que les impacta o sobre de qué quieren hablar. Es fundamental escuchar a los hijos y luego responder”, dice la doctora Graciela Peyrú, Un niño o un adolescente que preguntan tienen siempre alguna idea respecto del tema en cuestión, idea que necesitan de algún modo confirmar o rectificar. “Por eso –insiste la especialista, autora de varios libros entre ellos “Papá, puedo mirar tele” de Editorial Paidós- es fundamental que compartamos con ellos sus dudas e inquietudes”. |